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MAREAS DE SANGRES



Veo dos mareas de sangres abundantes.


Hay una marea bélica e imperante, prepotente, ostentosa y violenta, de sacrificios y maltrato. Sangre del dolor, de la ira, del abuso y del afán de poder. Cabezas, brazos, manos, piernas, ojos, lenguas y sueños ensangrentados. Cuerpos mutilados y agonizantes. Charcos, arroyos y ríos de sangre. Barro ensangrentado en montes, prados, colinas, desiertos y caminos. Marea invasora. Dolores sin nombre sembrados por todas partes del planeta durante siglos y siglos, hasta a día de hoy.

Quizá la sangre de supervivencia en tiempos pasados. Quizá.


Hay otra marea.

La veo. Es rubí, carmesí, púrpura, escarlata, cadmio y magenta en todas sus tonalidades, marea de sangre fértil y receptora de vida.

Sangre gestante derramada libremente en cada luna nueva, sin tropiezos, en unión y en todas partes del planeta por nuestras antiguas. Veneradas, respetadas y honradas por ello en otros tiempos ya muy lejanos.

Quizá la sangre que un día fue desechada, avergonzada, tapada, escondida, menospreciada y embrutecida. Quizá.


La dos mareas siguen avanzando.

Una bien ruidosa y reconocida. Protagonista y temida en la vida de muchos seres. Aplaudida y normalizada en las pantallas de muchos otros.

La otra en silencio, avergonzada, rechazada, ahogada en fármacos de laboratorio, inconsciente.


Y ella, receptora de todos los desechos y regeneradora constante, quizá llegue a su colapso, quizá las capacidades regenerativas se le obstruyan, quizá le sea cada día más dificultoso sostenernos. Quizá a su manera Gran Madre Tierra con su lenguaje y bajo sus reglas empiece a devolvernos lo que nunca nos pidió, ese apestoso y mugriento baño continuo de sangre bélica.

Y quizá permitamos de nuevo que nuestra sangre menstrual descienda de nuestros úteros, por nuestros muslos, rodillas, piernas y pies no como desecho sino como antaño. Impregnando, nutriendo y regando campos, desiertos, plantas, matorrales, árboles y todos los parajes, paisajes y pieles de Gran Madre Tierra.

Muchas empiezan a recordar, y afortunadamente ya nada va a detener la recuperación de sus memorias.


Y si acaso llega el día en que estas dos mareas se reconozcan y se unan en un gran mar, quizá podamos regenerarnos y volver a ser libres.

Quizá.



Noviembre 2020


TaT