HOGUERA



Extraño tu danza translúcida, ondeante y serpenteante. Tu cálido e hipnotizante aliento,

y ya no me alcanza la imaginación. Se me agotan las reservas, la última vez que me cobijaste queda demasiado lejos y no me bastan las memorias, no, ni los recuerdos corporales. Te extraño tanto, ¡tanto!...


Ni las más altas capacidades creativas alcanzan a sustituirte. Imposible ya alimentarme de imaginario, no me nutre suficientemente, no me satisface, ni me basta, ni me sacia.

Y así me encuentro, una y otra vez y otra, exprimiendo la bodega de mi fantasía

y en una pequeña terracita ando prendiendo branquitas y hierbitas. Acumulando pequeños fueguitos que no me saben a nada, empolvando mi hogar de cenizas grisáceas, homogeneizando los tonos de esta ciudad. Símbolo de lo que no llego a alcanzar.


Afortunados y dichosos quienes te tienen en sus hogares. Yo me cansé de imaginar, de dibujar y de pintar. Quiero vivirme sentada en círculo a tu vera y ver tu danza ardiente.


¡Te invoco!, estás en camino… ¿verdad?... tardarás… lo sé… todavía hay mucho por quemar... esperaré… transitaré…


Humanos purgándonos, limpieza profunda de cuerpos intoxicados, sustancias químicas y alimento inapropiado. Avalancha de imágenes deformando la realidad. Cuerpos manifestando enfermedad, patologías de instintos reprimidos. Emociones sin manifestar. Graves alteraciones de las verdaderas necesidades humanas y de lo natural.


Limpieza que acaba de empezar.


Y entonces, medio devastados, limpios y simples. Cuerpos salvajemente humanos, naturales e instintivos. Entonces circularmente cada cual ocupará su lugar, su cuerpo. Su templo. Y tú en el centro brillarás de nuevo, ondeante, translúcida y serpenteante.

Uniendo y celebrando.

Así es.



Febrero 2021


TaT