A·LAS MONTAÑAS



Duele.

Lloras, pataleas, te cabreas, sientes rabia, tristeza, rechazo, impotencia, frustración, desengaño y una fuerte decepción, hasta que aprendes.

Aprendes que hay un momento para compartir, que es uno y es sagrado.

Aprendes que el error no está en compartir sino con quien y en qué momento.

Aprendes que ser ciega a ello puede acarrear consecuencias densas, cargadas, negativas, pesadas y bloqueantes.

Aprendes a reconocer el momento idóneo para dar a conocer tus gestaciones, tus proyectos, tus ideas y tus sueños.

Aprendes que compartir un proyecto es exponerLO y exponerTE a TODO. Aún compartiéndolo con tus seres queridos y sintiendo su alegría, exponerte es también recibir sus emociones ante tu gestación. Las no expresadas, las de su historia personal. Puede que alguien se alegre y así lo exprese pero que a la vez tu gestación le recuerde algo de sí misma que quiso hacer y no pudo, o que le despierte algún recuerdo o emoción no reconocido de su propia vida. Algo incómodo o desagradable o doloroso, puede que traumático. Emociones silenciadas, enmudecidas e invisibles que generan sin duda otro efecto hacia tu proyecto.


Y hacía ti.

Y no hay hipocresía, no hay maldad ni mala intención sino falta de consciencia.

Basta con ser consciente de ello y no sacar el pan del horno antes de tiempo…


Julio 2020


TaT

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