Apago mi llama y hacía ahí me dirijo. Sí.


Yo sí soy de las que opina que ¡SÍ!, que hacia ahí hay que ir sin ropajes, tal cual, vulnerable y fuerte a la vez, sola o con una misma, como sea pero en pelotas, sin nada más que el propio cuerpo, el Ser. Sin llamas ajenas, ni velas, ni fueguitos, ni inciensos, ni antorchas, ni lamparitas… Nada.


Como en esa noche de luna nueva, donde hay quien alumbra el camino con linterna en mano ignorando que al apagarla llega el momento en el que se adapta la visión y se puede llegar a ver no solo el camino ante los pies sino todo el paisaje y lo que es más maravilloso aún, la oportunidad incluso de ver el inmenso cielo estrellado.


Y así es que me niego a poner luz a la oscuridad porque entonces dejaría de ser oscuridad.

Y me niego a poner luz a los monstruos porque su hábitat es oscuro, y se alejarían más, más y más.

Y me niego a poner luz a las sombras porque jamás se mostrarían.


Hacia zonas oscuras, zonas tenebrosas, zonas turbulentas, al encuentro de monstruos hambrientos mejor ir Tal Cual.


Y una vez ahí,

y desde ahí,

y partir de ahí,

ya cada Cual sabrá si debe llorar, pelear, agradecer, gritar, rendirse, luchar, soltar o inclinarse para finalmente dejarse acunar entre monstruos, y descansar, y despertar y así empezar a caminar en el confín que transita entre la propia luz y la propia oscuridad. Aprendiendo a mantenerse ahí el mayor tiempo posible.

Ser neutral, sereno y translúcido.


Sí, mejor ir Tal Cual.



Enero 2021


TaT